No subestime el corazón de sus áreas limpias. Entender la diferencia en la certificación de estas cabinas es vital para las industrias de la salud y farmacéutica.
En los laboratorios clínicos y de producción estéril, las cabinas de flujo laminar y de bioseguridad son la primera línea de defensa. Sin embargo, un error común es creer que ambas cumplen la misma función. Utilizar el equipo equivocado o tenerlo sin calificar puede resultar en la contaminación de lotes enteros o, peor aún, en la exposición del personal a agentes patógenos.
¿Qué debe tener en cuenta al validar estos equipos?
- Cabinas de Flujo Laminar: Su objetivo principal es proteger el producto. Inyectan aire ultrafiltrado (HEPA) hacia la zona de trabajo para evitar que las partículas del ambiente contaminen la muestra. No protegen al usuario frente a aerosoles tóxicos o biológicos.
- Cabinas de Bioseguridad (Clase II o III): Protegen al producto, al operario y al medio ambiente. Cuentan con un diseño complejo de presiones negativas y extracción filtrada.
Pruebas críticas e innegociables: Para que cualquiera de estas cabinas sea seguro, no basta con encenderlas. Requieren pruebas periódicas in situ, que incluyen:
- Test de integridad de filtros HEPA (PAO): Para detectar microfugas.
- Conteo de partículas: Para certificar la clasificación del área (ISO 14644).
- Medición de perfiles de velocidad del aire: Para asegurar la barrera de contención.
- Medición de iluminación y ruido
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